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Aprende a cuidar tu bolsillo usando los intereses a tu favor

Aprende a cuidar tu bolsillo usando los intereses a tu favor

La inteligencia financiera es la capacidad y habilidad que tenemos las personas para optimizar y multiplicar nuestros ingresos. Si además tenemos una correcta interpretación de la palabra “intereses”, tal vez podamos tomar mejores decisiones financieras.

Partamos de la siguiente premisa: la idea es que los intereses entren al bolsillo, no que salgan. Pero comencemos por el principio. ¿Qué son los intereses? El precio que se paga por el uso del dinero prestado. Son ellos los que definen nuestra relación con el sistema financiero, pues se comportan dependiendo del tipo de servicio adquirido.

Con la claridad de qué son los intereses, llegó el momento de saber cuándo estos entran al bolsillo y cuándo salen. Cuando ahorramos o invertimos, estamos cediendo la posesión de nuestro dinero y por lo tanto se nos deben reconocer intereses, en palabras que nos harán sonreír: recibimos dinero extra. Lo contrario ocurre cuando accedemos a un crédito: debemos pagar intereses por hacer uso de los recursos que alguien nos ha prestado.

Con esto en mente, si la idea es cumplir alguna meta a futuro que implique el uso de dinero (hacer un viaje, adquirir una propiedad u obtener una mejor jubilación) quizás sea más conveniente ahorrar o invertir, qué hacer créditos. Pues el ahorro y la inversión son la vía segura a través de la cual el dinero genera rentabilidad y por lo tanto, crece el capital.


¿Qué es la rentabilidad y cómo funciona?

Ya sabemos qué son los intereses. Quienes son usuarios de tarjetas de créditos y créditos en general, conocen bien de qué se trata. ¿Qué tal si ahora nos concentramos en un concepto que nos favorece? la rentabilidad. Viene de rentable, y se refiere a algo que produce renta o remuneración.


Algunas posibilidades de ahorro con rentabilidad

Si tu espíritu es de poco riesgo y prefieren ahorrar en lugar de invertir, hay varias opciones. Además de la cuenta de ahorros convencional que la mayoría de las personas adultas tienen en algún banco, cada entidad bancaria ofrece diferentes tipos de ahorros, que generan diferentes tipos de rentabilidad y tienen estrategias como retiros restringidos, pero con la garantía de que mientras esté ahí se genera algún tipo de rentabilidad.

Tal vez has escuchado hablar de los CDT, cuyas siglas significan: Certificados de Depósitos a Término. En este tipo de ahorro, la persona deposita una suma de dinero en una entidad financiera. ¿Y cuál es la diferencia con un ahorro convencional? Que en los CDT, el banco emite un certificado de operación del dinero en un tiempo establecido por previo acuerdo, y la persona asume el compromiso de no retirar su dinero hasta cumplirse el plazo acordado. Entre más extenso sea el plazo, más rentabilidad se podrá obtener.

Existen también lo ahorros programados, que varían de nombre de acuerdo con la entidad financiera. ¿En qué consisten? Se trata de un fondo de inversión en el que se pacta un valor de ahorro mensual, para formar capital que puede tener diferentes destinos. La diferencia de este tipo de ahorro con una cuenta de ahorros convencional es que en esta última no hay restricciones: es decir se puede consignar y retirar en el momento en que se desee, mientras que el ahorro programado tiene restricciones para los retiros, lo que garantiza el crecimiento del capital, gracias a la rentabilidad.


También es posible ahorrar dinero y recibir rentabilidad a largo plazo en los fondos de Pensiones Voluntarias. En este tipo de ahorro también existe la posibilidad de acceder a planes de inversión, donde la empresa pone en el mercado de valores los recursos para generar mayores ganancias.


La inversión. ¿Cómo saber que sí genera rentabilidad?

Cuando alguien decide hacer una inversión, la meta es la generación de rentabilidad. En palabras simples lo que se hace es separar una cantidad de dinero emplearla en algún negocio o adquiriendo algún bien, con la expectativa de que la cantidad invertida pueda incrementarse con el paso del tiempo. Por ejemplo: invertimos en bienes raíces cuando compramos una casa, la remodelamos y luego la vendemos a un precio superior al que fue adquirida.

Pero antes de invertir es necesario poner sobre la balanza los recursos invertidos y los beneficios que proporcionará la inversión. Se trata de tener claro el riesgo que se está dispuesto a asumir, la rentabilidad que se espera obtener y el tiempo que podría tardar obtener los beneficios.

También es importante tener en cuenta que habrá periodos de ganancia y de pérdida, por lo que hay esperar con paciencia el mejor momento. Para esto existen expertos, como los de Protección, que toman esas decisiones por ti buscando optimizar tu capital.


Invertir de manera consciente

No hay duda de que ahorrar e invertir ayuda a proteger el nivel de vida de las personas, permite alcanzar sueños o responder con tranquilidad a los imprevistos que se presentan. Aunque es una actividad que puede tener niveles de riesgo y requiere de tiempos determinados para dar sus frutos, siempre tiene caminos que hacen posible el incremento del capital, de modo que se protejan las finanzas. Volviendo a la frase de inicio, la idea es que los intereses entren al bolsillo, no que salgan.


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