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Gabriel tenía unos ahorros y estaba pensando que hacer con ellos... ¿en dónde poner a rentar ese dinero? Como no tenía mucho conocimiento, preguntó sobre el asunto a uno de sus mejores amigos, quien, con una gran sonrisa, le respondió:

“Qué bueno que me has consultado porque llevo algunos meses haciendo inversiones con una empresa que me ha dado unas rentabilidades increíbles, imagínate 1% diario y te pagan semanalmente, lo mejor es que, aparte de la rentabilidad que recibes por el capital invertido, tienes la oportunidad de conseguir otro ingreso adicional si te unes al club de fidelidad en el que ganas por cada usuario nuevo que vincules”.

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Después de escuchar a su amigo, le dio las gracias y le dijo, que había quedado convencido de la excelente oportunidad que le había planteado. Acto seguido Gabriel procedió a abrir su cuenta y a depositar sus ahorros de acuerdo al consejo recibido. Además de ello, se unió al “club de fidelidad” y ¿qué creen? aprovechó para invitar a otras personas (familiares y amigos) para que se unieran y no perdieran esa gran oportunidad.

Pasados unos meses la empresa quebró, Gabriel al igual que miles de miembros se quedaron esperando las rentabilidades prometidas. Gabriel se conformaría con la devolución al menos del capital invertido, pero esto no ha pasado.  Se quedó sin su dinero, sin su amigo consejero y no puede dejarse ver de los familiares ni amigos a los que vinculó, dizque para que “no perdieran esta oportunidad”.

Escuchar estas noticias es muy común. La historia de aquel confiado que dejó todos sus ahorritos en manos inescrupulosas, que le prometieron  generar altas rentabilidades en corto tiempo y, supuestamente, con un riesgo mínimo.  De tales promesas sólo se obtienen dolores de cabeza, pérdida de los ahorros y desazon porque las ganancias prometidas nunca llegan.

Las abuelas llenas de sabiduría suelen decir: “de eso tan bueno no dan tanto” y, en este caso particular,  tienen toda la razón.

En Colombia, el primer escándalo financiero relacionado con negocios piramidales sucedió en el año 2008, y fue protagonizado por la empresa “DMG”. Ahora bien, la superintendencia de Sociedades del país informó que, en los últimos años, se intervinieron más de 250 entidades captadoras ilegales de dinero. Casos como Madoff en estados unidos y el más reciente escándalo de Arbistar en España también son ejemplos típicos de este esquema de negocio.

Este panorama deja claro que, a pesar de todos los descalabros financieros que se han generado, este tipo de empresas siguen teniendo acogida en el mercado. Las personas se siguen dejando deslumbrar por las jugosas y absurdas rentabilidades que las estafas piramidales les ofrecen, es decir, esto sigue siendo una asignatura pendiente.

Cuando suceden este tipo de infortunios, que dejan a muchas personas en la Unidad de Cuidados Intensivos, llega el momento de buscar los culpables y, generalmente, se traslada la culpa al gobierno, a las instituciones encargadas de realizar vigilancia y control, al vecino o al amigo que me dijo, ¡ah! y al que no me dijo también. Todos resultan responsables menos quien decide tomar el riesgo.

El problema no está en el sistema en el que vivimos, está en el arraigo de valores negativos como la pereza (querer algo sin dar nada a cambio), la avaricia (querer tomar más de lo que uno da) y el poder que puede llegar a tener nuestra ignorancia financiera

Debes tener claros estos dos conceptos: i) la rentabilidad, que hace referencia al beneficio o ganancia obtenida por el dinero invertido; y ii) el riesgo, que es la posibilidad de que nuestra inversión no produzca los resultados que esperamos e incluso, de que perdamos parte o todo el capital que hemos invertido inicialmente.

Cuando tengas la intención de poner a trabajar tu dinero, no te fijes solamente en la rentabilidad. La regla de oro es que la rentabilidad esta ligada directamente al riesgo, es decir, entre mayor sea la rentabilidad esperada, mayor será el riesgo que debas asumir y viceversa.

Esta regla debes hacerla parte, de ahora en adelante, de tu programación financiera. La próxima vez que te ofrezcan un producto con alta rentabilidad y bajo riesgo, analiza detenidamente y no caigas en el jueguito de los negocios piramidales, la mezcla de alta rentabilidad a bajo riesgo no existe.

Recuerda la importancia de alfabetizarte financieramente ya que eres el único responsable de tu bienestar y futuro financiero.

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