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La fórmula para lograr tus metas financieras

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Los seres humanos estamos cargados de buenas intenciones, siempre estamos diciéndonos a nosotros mismos y a los demás, las cosas que necesitamos hacer para estar mejor en cualquier área de nuestra vida, por ejemplo: empezar a ejercitarnos al menos 3 horas a la semana, vincularnos a un grupo para prestar servicio comunitario, mejorar nuestros hábitos alimenticios, aprender otro idioma, entre otras. No obstante, en la mayoría de los casos todo queda solo en la “intención”.

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En el tema de la organización de nuestras finanzas, no es diferente, cada día escucho a muchas personas decir: “este mes voy empezar a estructurar mi presupuesto”, “debo dejar de hacer compras innecesarias”, “debo disminuir mi nivel de deuda”, “debo empezar un ahorro”, pero, al igual que en las demás áreas a mejorar de sus vidas, las promesas se las lleva el viento y todo termina en una buena intención.  Tener clara nuestra intención es un paso inicial e importante, pero ¡no servirá de nada si no pasamos a la acción! 

Convertir nuestras intenciones en acciones conlleva un desafío, porque, como se dice popularmente, “del dicho al hecho hay mucho trecho” y, en la mayoría de los casos, nuestras decisiones, comportamientos y hábitos van en contravía de nuestras buenas intenciones, obstaculizando el logro de nuestros objetivos.

Entonces, debemos ser congruentes entre lo que queremos y lo que hacemos, no basta con desear algo y esperar a que por arte de magia se haga realidad. Si tu intención, por ejemplo, es disminuir tus deudas, es ilógico que pretendas lograrlo, si cada vez que tienes la oportunidad de comprar algo a crédito, lo haces sin medir las consecuencias.

para que inicies el camino y logres pasar de la intención a la acción, la próxima vez que pretendas cambiar algo, en pro de mejorar tu bienestar y el de tu familia, ten en cuenta los siguientes consejos:

1. Ten claro tu objetivo. Tener un objetivo marca la diferencia entre las personas exitosas y las que no lo son. Las personas de éxito saben cuáles son sus metas y realizan las acciones diarias necesarias para alcanzarlas. Veamos un ejemplo: cuando decimos “quiero tener un fondo de emergencias”, sólo tenemos la intención de hacerlo, pero si decimos “A 31 de diciembre de 2020 tendré 500 USD ahorrados en mi fondo de emergencias” tenemos un objetivo. Es importante que cada objetivo que nos planteemos cumpla las características S.M.A.R.T, es decir, que sea específico, medible, alcanzable, realista y con una fecha límite de ejecución.

2. Revisa los comportamientos, decisiones y hábitos que afectan directamente el logro de tu objetivo. Esta tarea es importante porque nos permite ser consecuentes y coherentes entre lo que decimos y hacemos, lo que evita que terminemos auto saboteando nuestras metas. Dentro del mismo ejemplo, si quieres tener a 31 de diciembre de 2020 500 USD en tu fondo de emergencias, pero no tienes el buen hábito de manejar tu presupuesto, ni un registro diario de gastos, es posible que tu fondo se quede en buenas intenciones.

3. Elabora un plan realista que te encamine a lograr el cambio, recuerda que los planes no están escritos sobre piedra, pero son un derrotero muy importante. Los planes están compuestos de estrategias y tareas, si tu objetivo es tener a 31 de diciembre de 2020, un fondo de emergencias de 500 USD, no basta con que el plan esté en el papel, necesitas establecer las estrategias y tareas para lograrlo, en este caso, las estrategias podrían ser, ente otras, reservar cada vez que llegan tus ingresos 83 USD para dicho fondo, disminuir gastos hormiga, o generar una nueva fuente de ingresos.

4. Establece hitos, con fechas específicas, que te permitan hacer un seguimiento a su cumplimiento. Esto es lo que yo llamo ganar pequeñas victorias, que nos ayudan a motivarnos y a seguir adelante en la consecución del objetivo. Para nuestro ejemplo, el primer hito puede ser tener en el fondo de emergencia 83 USD a 30 de julio, el segundo hito sería tener 166 USD para el 30 de agosto, y así sucesivamente hasta lograr la meta propuesta.

5. Finalmente, es importante que realices una auditoría con el apoyo de una persona en quien confíes. Cuando hacemos públicas nuestras metas, se genera una sana presión que nos impulsa a ser más responsables y a esforzarnos más para conseguirlas, incluso podrías motivar a esta persona para que se anime a construir su fondo y así auditarse mutuamente.

Espero que esta ruta te sirva de guía para que tus promesas no se las lleve el viento. Recuerda que poner en práctica lo aprendido es la única forma de tener resultados, así que ponte en acción.

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