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Ciudades inteligentes: así serán posibles las ciudades del futuro gracias al 5G

Sí, el 5G permitirá descargar contenidos más rápidamente y verlos en streaming con una calidad cada vez mejor. Pero esta no es su revolución. La importancia de las redes de nueva generación se hará notar en los smartphones y ordenadores, pero son mucho, mucho más. Son el impulso hacia las ciudades del futuro, las ciudades inteligentes.

Qué cambiará con el 5G

Para comprender hasta qué punto es el 5G el auténtico acelerador hacia unas ciudades más inteligentes, es necesario dar un paso atrás y decir cuáles son sus características. Además de una velocidad superior para cargar y descargar datos, presentará tiempos de espera bastante reducidos y capacidad para conectar al mismo tiempo muchos más dispositivos a la vez. Un menor tiempo de espera significa reducir el tiempo transcurrido entre el envío y la recepción de la «señal». En los últimos años, ha habido grandes mejoras, pero cualquiera que haya visto una transmisión en directo por streaming o que haya realizado una videollamada sabe bien que la inmediatez aún no es una realidad. El 5G lleva este intervalo a como mínimo menos de 10 milisegundos (es decir, a la mitad respecto al 4G más avanzado) pero aspira a un milisegundo. Aún no se ha logrado la instantaneidad, pero falta realmente poco. Asimismo, con las nuevas redes, la velocidad y el tiempo de espera no empeorarán ni siquiera con decenas de miles de dispositivos conectados. Por tanto, el 5G ofrece mayor «densidad». Es un poco como si se pasase de un embudo a una tubería: podrá pasar más agua, y más rápido. Solo que, en lugar del agua, están los datos.

Plazos breves y banda ancha

La combinación de una densidad elevada y un tiempo de espera reducido es lo que transformará nuestras ciudades. Actualmente, en lugares de vacaciones masificados o cuando estamos en un estadio, a veces la conexión empeora. Con el 5G, esto ya no pasará: se podrán tener cientos de miles de conexiones activas al mismo tiempo por cada kilómetro cuadrado. Es decir, muchas más que dispositivos utilizados por los usuarios, como smartphones, tabletas, altavoces inteligentes y ordenadores. Entonces, esta «tubería» de datos estará a disposición, aparte de para las personas, para los objetos y sensores capaces de captar información y de comunicarse entre sí. Esencialmente, se elimina uno de los frenos al desarrollo del Internet de las Cosas, que de esta forma podrá expresar sus posibilidades no solo en el interior de los hogares, sino también en las instalaciones industriales, los edificios públicos y las carreteras. Será posible gestionar puentes, iluminación, tráfico y emisiones. A menudo, se trata de una «red» de dispositivos que exige una inmediatez de la intervención; de ahí que aumente la importancia de un tiempo de espera reducido. Si en casa servirá, por ejemplo, para disfrutar del streaming (no solo de películas y series de televisión, sino también de videojuegos), en las ciudades inteligentes será fundamental para gestionar aquellas circunstancias en las que el tiempo lo es todo. No hay más que pensar en la posibilidad de adaptar los semáforos y la circulación vial al tráfico; o, es más, en las infraestructuras urbanas que deberán «hablar» con los vehículos sin conductor. A los riesgos y la seguridad los separan unas fracciones de segundo.

Qué se entiende por ciudades inteligentes

El hecho de que el 5G vaya a revolucionar más las ciudades inteligentes y el mundo empresarial que nuestros smartphones no quiere decir que no vaya a influir tanto en nuestras vidas. Nada más lejos de la verdad. El informe «Smart cities: Digital solutions for a more livable future» (Ciudades inteligentes: soluciones digitales para un futuro más vivible) ha intentado comprender qué significa vivir en una ciudad inteligente que usa soluciones digitales. Y he aquí algunas conclusiones: reducción en un 8-10% del número de víctimas de accidentes de tráfico; disminución en un 30-40% de los delitos tales como robos y agresiones (gracias al cartografiado de las distintas áreas y la sincronización de los semáforos para una intervención un 20-35% más rápida). Y eso no es todo: reducción en un 15-20% de la duración del transporte, es decir, pasar 15-30 minutos menos al día embotellados en el tráfico. Los sensores y datos también serán fundamentales para la sanidad (reduciendo sus costes un 8-15%) y aún más para el medioambiente: reducción de las emisiones en un 10-15%, reducción del consumo de agua (25-80 litros por persona menos al día), de los residuos no reciclados y de las emisiones perjudiciales (reducción del 8-15%).

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