Recientemente se pronunciaron Moody´s y Fitch Ratings –dos de las tres principales agencias calificadoras– sobre la calificación soberana de Colombia, con un resultado moderadamente positivo. En primer lugar, ambas agencias mantuvieron la nota crediticia del país en el penúltimo nivel de grado de inversión: Moody´s en Baa2 y Fitch en BBB. Segundo, Moody´s mejoró la perspectiva del país a estable –desde la perspectiva negativa que asignó en febrero de 2018–, lo cual implica que por lo menos en los próximos 12 meses no habría revisiones en la nota de Colombia por parte de esta agencia.

Sin embargo, Fitch revisó la perspectiva de estable a negativa, al señalar “riesgos sobre la consolidación fiscal y la trayectoria de la deuda del Gobierno, el debilitamiento de la credibilidad de la política fiscal, y riesgos crecientes de los desbalances externos”.

La decisión de estas agencias había concentrado la atención del Gobierno y de los mercados, especialmente en los últimos dos meses. Los temores de una rebaja de la nota crediticia del país al último escalón de grado de inversión –como lo hizo S&P en diciembre de 2017– aumentaron luego de que el Comité Consultivo de la Regla Fiscal (CCRF) flexibilizó la Regla Fiscal para incorporar el choque sobre el gasto público asociado a la migración venezolana. La reacción posterior de las calificadoras –especialmente de Fitch– evidenció su preocupación por la credibilidad del ajuste fiscal del país.

Que ambas calificadoras hayan ratificado la nota crediticia del país es una buena noticia, pues el Gobierno gana tiempo para presentar un plan creíble de ajuste fiscal a mediano plazo, consolidar el proceso de recuperación económica local y continuar el ajuste de las cuentas externas.

Colombia compra tiempo
 

Lo más llamativo de los pronunciamientos de Moody’s y Fitch tiene que ver con la forma distinta en que ponderan algunos aspectos de la economía colombiana, lo cual se refleja en el contraste de sus decisiones.

El mismo cuadro con diferentes puntos de vista

Por un lado, Moody’s otorga mayor credibilidad a los ajustes fiscales que el Gobierno prometió realizar y al comportamiento relativo de Colombia respecto a sus pares. Confía en que la recuperación de la actividad económica y los esfuerzos de consolidación fiscal de la administración actual estabilizarán el nivel de deuda en los próximos años y espera que se cumpla la meta de déficit fiscal este año, gracias a los ingresos generados por la Ley de Financiamiento y a la decisión de las autoridades de congelar parte del presupuesto de 2019.

Aunque afirma que la caída de los ingresos tributarios a partir de 2020 –por los beneficios tributarios otorgados por la Ley de Financiamiento– es un reto para la consolidación fiscal, confía en las iniciativas anti-evasión y de control del gasto como mecanismos para disminuir gradualmente los desbalances.

Además, destaca que el perfil crediticio de Colombia permanece alineado con el de sus pares de calificación Baa2 y es más robusto que el de países Baa3. En particular, espera un crecimiento económico de 3.5% en 2020 –superior al promedio de 2.3% de países Baa3– y que la deuda se estabilice alrededor de los niveles actuales –por encima de la mediana de 44% del PIB de sus pares Baa2 pero inferior al 61% de países Baa3–. Finalmente, proyecta que el déficit de Cuenta Corriente continuará alrededor de 4% del PIB, con la Inversión Extranjera Directa como fuente estable de financiación y las reservas internacionales (15.5% del PIB a marzo de 2019) mitigando los riesgos sobre las cuentas externas.

En contraste, Fitch es escéptico sobre el plan de ajuste fiscal del Gobierno. La perspectiva negativa implica que podría rebajar la calificación en los próximos 12 a 18 meses, como reflejo de los riesgos para la consolidación fiscal y la trayectoria de la deuda del Gobierno, el debilitamiento de la credibilidad de la política fiscal, y el riesgo creciente de los desbalances externos. Para esta calificadora, “las frecuentes revisiones del presupuesto de mediano plazo en los últimos años, y la reciente dilución en el Congreso de medidas permanentes de recaudo de ingresos fiscales en medio de demandas de gasto rígidas y reservas fiscales relativamente bajas, están reduciendo la predictibilidad y credibilidad de la política fiscal a mediano plazo”.

En otras palabras, a Fitch le preocupa que el Ejecutivo no esté logrando sacar adelante las medidas fiscales necesarias en el Legislativo, y esto repercute en la credibilidad de la política fiscal. A diferencia de Moody’s, considera que la pérdida de ingresos tributarios a partir de 2020 será difícilmente compensada por las mejoras en la administración de impuestos y los esfuerzos anti-evasión. Además, afirma que la enajenación de empresas estatales cubrirá la brecha fiscal en 2019 y 2020, pero su carácter no recurrente dificulta la sostenibilidad del aumento de los ingresos y la consolidación fiscal a mediano plazo. Finalmente, advierte que las revisiones de los últimos dos años a la senda de déficit permitida por la Regla Fiscal debilitan su credibilidad. En este sentido, Fitch –que se pronunciará nuevamente en noviembre– advierte que se requieren ajustes adicionales para reemplazar la base de ingresos tributarios.

Efecto sobre la tasa de cambio: remar contra la corriente

Hasta hace pocas semanas el peso colombiano era una de las divisas más depreciadas del mundo, principalmente por el aumento de la aversión al riesgo hacia mercados emergentes, pero también por factores específicos de la economía local: i) la incertidumbre en torno a la calificación soberana de Colombia; y ii) el programa de acumulación de reservas internacionales del Banco de la República por medio de opciones PUT, vigente desde septiembre de 2018. Con la suspensión de este último a partir de junio, el precio del dólar en Colombia tiene espacio para corregir a la baja en los próximos meses.

Por otra parte, las decisiones de las calificadoras alivian parcialmente la aversión al riesgo en el mercado local y apoyan una tendencia revaluacionista del peso a corto plazo. Sin embargo, el comportamiento del peso colombiano en los próximos meses seguirá siendo altamente sensible a la volatilidad externa relacionada con el escalamiento de la guerra comercial entre EEUU y China, la debilidad de las economías europeas, y las situaciones de inestabilidad en algunos países emergentes.

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