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El falso mito de la reducida presión fiscal sobre la renta en España

La presión fiscal española como porcentaje del PIB es reducida con respecto a otros socios de la Unión Europea (UE-28), suponiendo el 37,9% del PIB en 2016, la sexta menor de la eurozona. Contribuyendo presumiblemente a ello la reducida aportación a  los ingresos tributarios de las rentas salariales y de los hogares,  ya que los impuestos directos sobre las personas han supuesto únicamente el 7,4% del PIB en el  año 2015.


Conde Ruiz argumenta en una reciente publicación que a pesar de los elevados tipos marginales de la renta en España, y como consecuencia de los distintos tipos de exenciones, el tipo medio resultante (cociente entre cuota resultante y base imponible total) se reduce mucho minorando simultáneamente la  recaudación.


Sin embargo, sin excluir la existencia de dichas exenciones, deberíamos también analizar la existencia de ingresos indebidos por la administración tributaria, no porque sean ilegales, sino por injustos, como es el caso de gravar rendimientos presuntos, o ingresos sujetos a doble imposición, o impidiendo o limitando compensaciones entre distintas partidas en la declaración de la renta.


Cabe destacar entre estos supuestos, la doble imposición existente entre el impuesto de sociedades y los rendimientos de capital mobiliario, ya que parece no entenderse que las sociedades no son entes etéreos  y que tienen propietarios, y estos se ven sujetos al impuesto de sociedades y al impuesto sobre dividendos. 


Pero un sector especialmente castigado fiscalmente es el inmobiliario. Por ejemplo, en la venta de inmuebles se produce un caso de doble imposición sobre plusvalías en la enajenación entre el IRPF y el impuesto local del Incremento de valor de los terrenos de naturaleza urbana (IVTNU), cuando además este último se calcula sobre una base ficticia y puede incluso no existir. Pero no solo las ventas están sujetas a un trato discriminatorio, los arrendamientos sufren un tratamiento fiscal todavía peor. Los rendimientos se consideran individualizados por inmueble sin capacidad de ser compensados los de distintos inmuebles entre sí. También existe un periodo máximo de compensación de pérdidas, y por si fuera poco, se imputa un rendimiento presunto a inmuebles no arrendados, es decir, se tributa por un ingreso no generado, lo que podría considerarse confiscatorio, vulnerando el artículo 31.1 de la constitución sin rubor.


Pero la injusticia tributaria es todavía más amplia, ya que la legislación impide la compensación de un tipo de rendimientos con otros. Como compensaciones de la base del ahorro entre sí (rendimientos de capital mobiliario e incrementos de patrimonio), o de esta con la base general. Estos hechos suponen que los tributos pagados son superiores a aquellos por los que el sujeto pasivo debería tributar si su base imponible reflejase la realidad de su situación económica, vulnerándose de nuevo el artículo 31.1 de la Constitución, al no ser los tributos un reflejo fiel de la capacidad económica del individuo.


En cualquier caso, es importante tener en cuenta que los impuestos directos pagados por hogares y ciudadanos se encuentran fuertemente condicionados por los ingresos de los hogares y por el desempleo y por los salarios, que son la principal fuente de renta de los mismos. 


Por este motivo, al ser la tasa de desempleo la segunda mayor de la UE-28, y los salarios inferiores a la media de la UE-28 y significativamente inferiores a los de los nueve países con mayor remuneración por hora de trabajo (figura siguiente), los ingresos tributarios directos de las familias se reducen. 

 

Figura.- Coste laboral por hora en la UE-28 en euros. Datos EUROSTAT correspondientes al año 2015. 

 

De hecho, existe una fuerte correlación entre PIB per cápita e ingresos públicos per cápita, de tal forma que un incremento del número de ocupados incrementaría el PIB y la recaudación. 


Al mismo tiempo, el incremento salarial permitiría una mayor recaudación debido a la progresividad del impuesto. Como ejemplo, y extraído del artículo de Conde Ruiz y C Marín, con datos de 2015, podemos apreciar que las rentas entre 60-150 mil euros constituyen el 4,91% de las declaraciones y recaudan el 20,98% de los ingresos; mientras que las rentas de entre 21-30 mil euros constituyen el 24,5% de las declaraciones y aportan el 16,55% de la recaudación, lo que equivale a decir que cada uno de los primeros contribuyen a los ingresos públicos 6,3 veces más que los segundos.


En mi opinión, medir la presión fiscal en términos de porcentaje de PIB no parece lo más adecuado, siendo más apropiado valorar la carga fiscal que soporta cada ciudadano y cuanto representa esta con respecto a sus ingresos, tal como hemos visto recientemente en otro post. Es decir, los ingresos fiscales procedentes de familias deben valorarse con respecto al PIB per capita y los ingresos de los hogares, sobre los que influye el desempleo, el nivel salarial y la precariedad laboral y subempleo.


Dadas las características del mercado laboral español, y con datos de 2015, observamos que la carga impositiva directa en España per cápita es la treceava mayor de la UE-28, aunque supone solo el 62,4% de la media de lo que contribuyen los ciudadanos europeos ; siendo el PIB per cápita en PPA el catorceavo mayor de la UE-28, por lo que los ingresos tributarios per cápita parecen bastante razonables.


Sin embargo, es muy importante recalcar la relación existente entre nivel salarial por hora y recaudación tributaria, ya que  se puede apreciar una correlación de tipo exponencial muy importante (0,96) (figura siguiente) entre ambos. 

Figura.- Estudio de correlación de la remuneración por hora de trabajo con los impuestos directos sobre hogares por ciudadano. Elaboración propia a partir de datos de EUROSTAT de remuneración salarial horaria correspondiente al año 2015 , datos de estadísticas de ingresos tributarios y datos de población. Al elaborar la gráfica no se han tenido en cuenta los empleos a tiempo parcial y que las rentas incluyen rendimientos de capital.  

 

La gráfica indica que para incrementar los ingresos tributarios procedentes del trabajo parece imprescindible un incremento salarial, ya que estos muestran una relación exponencial con la recaudación tributaria y contribuye a explicar las grandes diferencias de ingresos tributarios per cápita con otros países de mayor remuneración salarial.


Esto indudablemente no significa que la solución sea incrementar los salarios indiscriminadamente y por decreto, ya que estos deben ser función de la  productividad y competitividad de cada empresa y del sector en que se encuentre. Sin embargo, si induce a pensar que debemos incidir en los mecanismos que hagan al país más competitivo, lo que permitiría una mayor internacionalización de la economía y salarios más elevados.


Lograr esto implicaría, al mismo tiempo, dar un impulso al PIB, ya que estimularía el consumo de los hogares, suponiendo este el 58,5% del PIB.

 

 

RESUMEN Y CONCLUSIONES 

La presión fiscal española es una de las menores de la eurozona, contribuyendo a ella la escasa recaudación a partir de la imposición directa de los hogares, habiendo supuesto únicamente el 7,4% del PIB en 2015.


Conde Ruiz argumenta que esta situación es consecuencia de que, a pesar de los elevados tipos impositivos sobre la renta, coexisten muchas exenciones que reducen el tipo medio final.

Simultáneamente deberíamos tener en cuenta la multitud de casos en que los impuestos se aplican injustamente, sobre rendimientos presuntos, rentas sujetas a doble imposición o se impide la compensación de rentas de fuentes diferentes, encontrándose especialmente perjudicado el sector inmobiliario, conculcando estos hechos el artículo 31.1 de la constitución, lo que supone un ejemplo más de inseguridad jurídica.


En el caso concreto de la contribución de la imposición directa a los ingresos fiscales, es necesario tener en cuenta los ingresos de los hogares, condicionados por el empleo y los salarios, de tal forma que un incremento de ambos implicaría un incremento de la recaudación fiscal, especialmente dada la relación entre el salario por hora de trabajo y los impuestos directos de las familias.


Parece por tanto fuera de toda discusión el hecho de que la reducción de los niveles de paro y elevación de salarios incrementaría de forma notable los ingresos tributarios, tanto a través de la imposición directa como indirecta, por lo que los esfuerzos deberían ir en este sentido.


Ello no quiere decir que se suban salarios indiscriminadamente, pero si incidir en programas de formación activa, en facilitar la contratación laboral, acabar con la dualidad en el empleo y fomentar el incremento de tamaño y la competitividad de calidad de la empresa española.

 

 


 

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  1. #2

    Víctor Díaz Golpe

    en respuesta a Blogsymercados
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    Cierto, y estoy de acuerdo. Pero hay que ser cauteloso a la hora de evaluar los datos. La riqueza la crea esencialmente el sector privado aunque el sector público es también esencial para ello. La cuestión es el tamaño de ese sector para ser lo más eficiente posible, sin olvidar que incluye personal sanitario y docente por ejemplo. Pero según datos de la OCDE España no se caracteriza por tener muchos empleados públicos. Se caracteriza por el número exagerado de políticos y afines.
    https://pbs.twimg.com/media/DH2A2v5W0AEx6Vu?format=jpg