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La publicación de un artículo científico sobre la peligrosidad de utilizar hidroxicloroquina para tratar el COVID-19 ha tenido una amplia repercusión en los medios, llevando a la OMS y a varios gobiernos a prohibir su uso. Tan solo dos semanas después el artículo ha sido retractado. ¿Qué está ocurriendo?

 

El patético estado de la ciencia en general y de la industrial editorial científica en particular que denunciaba en mi artículo "Rendimientos decrecientes y costes crecientes en una ciencia menguante" ha llegado a límites extremos arrastrando por el lodo a la muy desprestigiada Organización Mundial de la Salud en un más que previsible ataque a un medicamento sin patente candidato a tratamiento del COVID.

1. La hidroxicloroquina

Hablábamos de la cloroquina en mi artículo "Todo lo que siempre quiso saber sobre el coronavirus y nunca se atrevió a preguntar".

Un medicamento desarrollado contra la malaria, que sin embargo pronto se hizo resistente a él. En 1951 un médico que trataba la malaria de un paciente que también tenía artritis reumatoide, observó su mejoría, y desde entonces se ha usado para tratar esta enfermedad. Hay dos compuestos relacionados, el fosfato de cloroquina y la hidroxicloroquina. Su mecanismo de acción consiste en elevar el pH de los lisosomas, que liberan enzimas al citoplasma celular reduciendo la señalización antigénica tisular de la artritis reumatoide.
La cloroquina (CQ) se ha demostrado que funciona frente al SARS-CoV-2 (el de ahora) en cultivos de células humanas a dosis que no presentan ninguna citotoxicidad (seguras), y se ha demostrado que es eficaz también contra otro coronavirus humano CoV OC43 en ratones, a los que también infecta.

La hidroxicloroquina (HCQ) es un análogo de la cloroquina con un grupo -OH que generalmente se comercializa en forma de sulfato o fosfato y que presenta una mejor tolerancia para los pacientes y una mayor eficacia para inhibir la replicación del SARS-CoV-2 en cultivos celulares, requiriendo niveles 7 veces menores (Yao et al., 2020).

El problema es que como decíamos la hidroxicloroquina no tiene patente, por lo que es extraordinariamente barata y cualquiera puede fabricarla.

La CQ y la HCQ no son inocuas y pueden producir efectos secundarios, y a dosis muy altas son letales, por lo que no deben ser tomadas sin supervisión médica, pero a dosis correctas llevan siendo utilizadas ampliamente más de 70 años y son consideradas unas drogas seguras, que hasta las embarazadas y los niños pueden tomar.

Su mecanismo de acción no se conoce bien, pero se sabe que son inmunosupresores suaves que se usan en enfermedades autoinmunes como el lupus o la artritis reumatoide y que su carácter básico hace que se acumulen en los lisosomas (agentes lisosomotrópicos) que son utilizados por algunos virus para entrar a la célula, elevando su pH e interfiriendo con dicha entrada. Ya en 2011 se demostró que la cloroquina reduce la infectividad del virus de la hepatitis C en cultivos en un 50 % a dosis de tan solo 50 µM (Ashfaq et al., 2011).

Sun, Ni, & Zhang, 2020, acaban de publicar hace un mes un interesante artículo en Emerging Microbes & Infections: "El punto de vista de los reumatólogos sobre el uso de hidroxicloroquina para tratar el COVID-19".

La actividad antiviral de la HCQ puede deberse a los siguientes cuatro mecanismos: (1) reducir la glicosilación terminal del receptor de la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2) en la superficie de las células, lo que interfiere con la unión del SARS-COV-2 al receptor ACE2; (2) aumentar el pH de los endosomas y los lisosomas para evitar el proceso de fusión del virus con las células huésped y la posterior replicación del virus; (3) prevenir el procesamiento de antígenos y la presentación de autoantígenos mediada por el complejo principal de histocompatibilidad (MHC) clase II a las células T, lo que reduce la activación, diferenciación y expresión de las células T y las citocinas coestimuladoras producidas por las células T y las células B (por ejemplo, IL- 1, IL-6 y TNF-α); y (4) interrumpiendo la interacción de ADN/ARN con receptores tipo toll (TLR) y el sensor de ácido nucleico cíclico GMP-AMP (cGAMP) sintasa (cGAS) y, por lo tanto, no se puede estimular la transcripción de genes proinflamatorios.

Los medicamentos antivirales deben usarse para reducir la replicación viral en las primeras etapas de la enfermedad en función de los resultados dinámicos de los ensayos clínicos. Gautret y col. informaron que la azitromicina (AZM) agregada a la HCQ fue significativamente más efectiva para la eliminación del virus que el uso de la HCQ solo. Utilizaron 200 mg de HCQ tres veces al día durante 10 días, más AZM si se considera necesario.

Como reumatólogos, tenemos amplia experiencia en el tratamiento exitoso de pacientes con enfermedades autoinmunes crónicas con tratamiento de HCQ a largo plazo (400 mg/día durante más de 5 años). Se ha reportado que la dosis segura (6–6.5 mg/kg por día) de sulfato de HCQ podría generar niveles séricos de 1.4–1.5 μM en humanos. HCQ tiene un bajo nivel de acumulación de tejido, y la dosis máxima tolerable para HCQ es de 1200 mg. Por lo tanto, 400 mg por día para HCQ se encuentra en un rango de dosificación seguro. Los pacientes con exposición prolongada a HCQ a esta dosis segura sufren pocos efectos secundarios.

Es importante destacar que el brote de SARS-CoV-2 ha puesto a las mujeres embarazadas en alto riesgo de infección. La HCQ debe considerarse como una posible solución terapéutica para estos pacientes, dado su perfil de seguridad en el embarazo.

La HCQ no impide la infección. Varios informes apoyan que correctamente utilizada obstaculiza la progresión de la enfermedad reduciendo el número de casos que evolucionan a formas graves y la letalidad, suprimiendo de forma doble tanto la respuesta inmunológica excesiva responsable de la mayoría de los daños como la infectividad del virus sobre las células del organismo.

Adicionalmente el zinc puede jugar un papel en combinación con la HCQ. El zinc es un inhibidor conocido de la ARN dependiente-ARN polimerasa que replica los virus ARN como el coronavirus. Sin embargo no es fácil conseguir que el Zinc penetre en las células para inhibir la replicación del virus. La HCQ puede actuar como ionóforo facilitando la entrada del Zinc en la célula (Carlucci et al., 2020).

El principal hallazgo de este estudio es que después de ajustar la terapia de zinc, encontramos que la adición de sulfato de zinc a hidroxicloroquina y azitromicina se asoció con una disminución de la mortalidad o la transición a pacientes terminales entre pacientes que no requirieron el nivel de UCI de atención, pero esta asociación no fue significativa en pacientes que fueron tratados en la UCI. Este resultado puede reflejar el mecanismo de acción propuesto del sulfato de zinc en COVID-19. Se ha demostrado que el zinc reduce la actividad de la ARN polimerasa dependiente de ARN del SARS-CoV in vitro. Como tal, el zinc puede tener un papel en prevenir que el virus progrese a una enfermedad grave, pero una vez que se inicia la producción aberrante de mediadores inmunes sistémicos, conocida como la tormenta de citoquinas, la adición de zinc puede ya no ser efectiva. Nuestros hallazgos sugieren un posible mecanismo sinérgico terapéutico del sulfato de zinc con hidroxicloroquina, si se usa temprano en la presentación con COVID-19.


SERMO, una plataforma social para médicos que recoge datos de salud, publicó en abril una encuesta entre 6.200 médicos de 30 países sobre tratamientos del COVID y su eficacia. Los tratamientos más comunes fueron 56 % analgesicos, 41 % azitromicina, y 33 % hidroxicloroquina. La HCQ fue considerada el tratamiento más eficaz por la mayoría de los médicos (37 %). Curiosamente España fue el país que más la aplicó (72 %) y donde se consideró más eficaz (75 %).

2. El negocio de un medicamento contra la COVID-19

En estos momentos el principal competidor de la HCQ para el tratamiento del COVID-19 es el Remdesivir, del que también hablábamos en el artículo de marzo "Todo lo que siempre quiso saber sobre el coronavirus y nunca se atrevió a preguntar".

La farmacéutica Gilead, propietaria del Remdesivir lo obtuvo en una búsqueda de medicamentos contra la hepatitis C y su coste de obtención ya fue amortizado por el carísimo tratamiento que desarrolló contra dicha enfermedad, el medicamento Sovaldi, con un precio de 84.000 dólares por paciente que generó fuertes críticas.

el Instituto de Revisión Clínica y Económica, un organismo de control de precios para la industria farmacéutica que usualmente recomienda precios tirando por lo bajo, estima que el tratamiento con Remdesivir puede tener un precio de mercado de 4.460 dólares por paciente. El coste de producción de un tratamiento de 10 días sería de unos 10 dólares. Los beneficios son fabulosos, dado que el medicamento ya está amortizado.

Puesto que la compañía se ha puesto el objetivo de tratar a un millón de pacientes este año, según el analista de Jefferies Michael Yee, estamos hablando de un negocio de varios miles de millones de dólares al año. ¿Qué se compra con ese dinero? Obviamente muchos científicos, estudios de medicamentos y revistas científicas para destacar el medicamento propio y hundir a la competencia. Con un coste ínfimo y un precio final estimado de 60 dólares por paciente, la HCQ no tiene quien la defienda y no puede competir a nivel de promoción en estudios, revistas y medios de masas.

3. Reclutando a los medios y la OMS en contra de la HCQ

Desde abril han proliferado los artículos "extraños" en contra de la HCQ y las informaciones en prensa. El hecho de que Trump la apoyara también ha actuado en su contra.

"La droga que el presidente Trump dijo que estaba tomando para prevenir COVID-19 falló otra prueba el miércoles, cuando un estudio mostró que no protegía contra las infecciones."
USA Today

De Trump ya sabemos que no da más de sí, pero del estudio del New England Journal of Medicine (Boulware et al., 2020) en que se basa la noticia se espera mucho más. En primer lugar el estudio está mal hecho. Les dieron la HCQ o el placebo a los sujetos 4 días después de una posible exposición de riesgo y la conclusión es que no previno la infección. A ver, no es posible prevenir la infección con nada después de que ésta ya haya tenido lugar. Si querían testar si un medicamento previene la infección, hay que administrarlo antes de la exposición. En segundo lugar es un argumento falaz de hombre de paja porque el mecanismo de acción de la HCQ no indica que pueda prevenir la infección sino evitar la progresión de la enfermedad a una forma grave. Pero es que además los sujetos participaron a distancia en el estudio, sin ningún tipo de control médico. El France Soir en su artículo "El diablo está REALMENTE en los detalles, después de The Lancet, cuestionamos el New England Journal of Medicine" critica fuertemente el ensayo y defiende que los datos estadísticos del estudio de Boulware et al., 2020 apoyan la conclusión opuesta.

Fig. 1. Análisis estadístico alternativo sobre los resultados del ensayo de Boulware et al., 2020 realizado por France Soir.

El viernes 22 de mayo, justo al comienzo del fin de semana largo de Memorial Day, The Lancet publicó un artículo "Hydroxychloroquine or chloroquine with or without a macrolide for treatment of COVID-19: a multinational registry analysis", firmado por Mandeep R Mehra, Sapan S Desai, Frank Ruschitzka, y Amit N Patel. El primer autor está asociado a un hospital del Harvard Medical School de Boston y el segundo a Surgisphere Corporation de Chicago.

Junto con el artículo venía un comentario encargado por el editor de The Lancet a dos científicos franceses de la Sorbonne Universite, Funck-Brentano y Salem, que condenando el uso de CQ y HCQ explicaba la relevancia de los resultados: Cloroquina o hidroxicloroquina para COVID-19: ¿por qué pueden ser peligrosas?

En The Lancet, Mandeep Mehra y sus colegas reportan el estudio observacional más grande publicado hasta la fecha sobre los efectos de la cloroquina o la hidroxicloroquina, con o sin macrólido, en 96.032 pacientes hospitalizados que dieron positivo por severos coronavirus del síndrome respiratorio agudo. Se utilizaron datos verificados de un registro internacional que comprende 671 hospitales en seis continentes para comparar pacientes con COVID-19 que recibieron cloroquina (n = 1.868), hidroxicloroquina (n = 3.016), cloroquina con un macrólido (n = 3.783), o hidroxicloroquina con un macrólido (n = 6.221) dentro de las 48 h posteriores al diagnóstico de COVID-19, con 81.144 controles que no recibieron estos medicamentos.

Un modelo de riesgo …, mostró un aumento significativo en el riesgo de mortalidad hospitalaria con los cuatro regímenes de tratamiento en comparación con el grupo control.

Mehra y sus colegas deberían ser elogiados por proporcionar resultados de un estudio bien diseñado y controlado de los efectos de la cloroquina o hidroxicloroquina, con o sin macrólido, en una muestra muy grande de pacientes hospitalizados con COVID-19. Sus resultados indican una ausencia de beneficio de los tratamientos basados ​​en [CQ y HCQ] en esta población y sugieren que incluso podrían ser dañinos.

Los hallazgos del estudio de Mehra y sus colegas se suman a los informes preliminares que sugieren que los regímenes de cloroquina o hidroxicloroquina, solos o con azitromicina, no son útiles y podrían ser perjudiciales en pacientes hospitalizados con COVID-19.

En una campaña bien orquestada todos los medios se hacían eco ese mismo día 22 de mayo viernes de la publicación y sus consecuencias. Por ejemplo el Washington Post: "Un estudio dice que el medicamento antipalúdico promocionado por el presidente Trump está relacionado con un mayor riesgo de muerte en pacientes con coronavirus". Es lo que se llama matar dos pájaros de un tiro.

El director general de la OMS, una organización muy cuestionada por favorecer los intereses de las grandes farmacéuticas en el escándalo de las vacunas contra la gripe A de 2009 donde España se gastó 90 millones de euros en una vacuna inútil tras lo cual se supo que los expertos de la OMS estaban a sueldo de las farmacéuticas, y acusada de arrastrar los pies en la pandemia de COVID para favorecer los intereses de China, en este caso actuó con una celeridad tremenda y sin la debida diligencia el lunes 25 de mayo anunció que la OMS suspendía los ensayos con HCQ que estaba patrocinando dentro de la prueba Solidarity que realiza con 400 hospitales de 35 países.

Dos días más tarde los gobiernos de Francia, Italia y Bélgica prohibían el uso de la HCQ fuera de los ensayos, y junto con el Reino Unido paralizaban algunos de los ensayos.

En una decisión que merece aplauso, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios decidió el jueves que el estudio de The Lancet no era lo suficientemente concluyente como para detener el uso de HCQ en los hospitales españoles.

4. El estudio es falso

Las dudas sobre los datos del estudio surgieron inmediatamente y es lamentable que los revisores no se dieran cuenta que es imposible tener ese tipo de datos sobre 96.032 pacientes de 671 hospitales de todo el mundo hasta el 14 de abril y publicar el 22 de mayo. Los registros médicos de los pacientes están protegidísimos por la confidencialidad, y para que alguien externo a un hospital los obtenga hay que seguir un procedimiento burocrático complicado y específico para cada hospital con comisiones que se tienen que reunir y aprobar el uso y la forma en que se suministran los datos y siguiendo las diferentes legislaciones para cada país. El 23 de mayo un doctor australiano ya estaba explicándolo con detalle en Twitter.

Aparte de la imposibilidad de tener esos datos, el análisis de los mismos mostraba que la probabilidad de conseguir una coincidencia de propensión para 23 factores diferentes para 7000 pacientes en esa muestra (número similar de pacientes por raza, fumadores, comorbilidades, etc) para seis continentes es estadísticamente irrisoria. Los datos eran demasiado homogéneos para ser reales.

El coste de implementar un sistema de recogida de datos electrónicos confidenciales en cada hospital participante para subirlos a la nube, con una seguridad a toda prueba asciende como mínimo a varios cientos de miles a un millón de dólares por hospital. Esto no es un programa que se carga en un PC, requiere muchísimo personal de alto nivel para hacerse en cientos de hospitales por todo el mundo en el curso de un par de meses. Poder intentarlo (no parece que sea posible hacerlo) requeriría una empresa con un capital de cientos a miles de millones de euros. Surgisphere, la empresa propietaria de los datos tiene un capital de 45.000 dólares.

Y lo que ya demostraba claramente que los datos eran inventados era que en Australia incluían para los 5 hospitales participantes 73 muertes por COVID, cuando el total del país el 14 de abril era de 61 muertes. Australia revelaba el engaño porque es un país y un continente al mismo tiempo y los autores del estudio solo proporcionaban datos por continentes.

El 28 de mayo The Guardian de Australia se hizo eco de la imposibilidad de los datos para ese país y preguntó en los principales hospitales que trataban a pacientes de COVID donde nadie había oído hablar de Surgisphere, la compañía que proporcionaba los datos del artículo. Sapan Desai, el segundo firmante del artículo y director de Surgisphere, empresa propietaria de los datos, al ser contactado por The Guardian dijo que un hospital asiático había sido incluido como australiano por error.

En Norteamérica el estudio incluía datos de 63.315 pacientes hospitalizados, pero el total de EEUU a 14 de abril era de 63.217 y el total para Norteamérica era de unos 66.000. Teniendo en cuenta los pacientes descartados Surgisphere debía tener acuerdos con esencialmente todos los hospitales de Norteamérica y datos de esencialmente todos los pacientes, lo cual es imposible.

El 29 de mayo investigadores y médicos escribieron una carta abierta a The Lancet cuestionando la autenticidad de la base de datos, y criticando la metodología y que los autores se negaran a identificar uno solo de los más de 600 hospitales que según ellos habían proporcionado los datos. La carta tiene más de 180 firmas.

El New York Times publicó un artículo ese día al respecto donde destaca algunas de las muchas irregularidades descubiertas:

Los datos de África indican que casi el 25 % de todos los casos de Covid-19 y el 40 % de todas las muertes en el continente ocurrieron en hospitales asociados a Surgisphere que tenían registros electrónicos sofisticados de datos de pacientes. Tanto el número de casos y muertes, como la recolección detallada de datos, parecen poco probables.

La cuestión es cómo un artículo que tiene fallos tan evidentes (la carta lista 10) no solo pasó sin problemas el proceso de revisión sino que mereció que se encargara un comentario y se hiciera una campaña de prensa a bombo y platillo. The Lancet ha ido adquiriendo muy mala fama por su sesgo político y su postura sobre la crisis climática que casan mal con la neutralidad que se espera de una publicación científica y fue la revista que aceptó y publicó en 1998 el abominable artículo sin estadísticas ni grupo control y con conclusiones inválidas de Andrew Wakefield que promulgaba una falsa asociación entre las vacunas y el autismo y cuyas nefastas consecuencias continúan más de 20 años después. The Lancet es un claro ejemplo de la crisis en la ciencia y en la industria editorial científica que analizaba en mi artículo "Rendimientos decrecientes y costes crecientes en una ciencia menguante".

El 3 de junio The Lancet publicó una "expresión de preocupación" para alertar de que había serias cuestiones científicas con respecto al artículo, y que algunos de los autores del artículo habían solicitado una auditoría independiente sobre el origen y validez de los datos. Dos días más tarde, el día en que escribo este artículo, 5 de junio, The Lancet informó que la compañía Surgisphere no iba a proporcionar acceso a su base de datos, los contratos con los clientes y el informe ISO porque violaría sus acuerdos de confidencialidad, por lo que los revisores se retiraban del proceso de auditoría y los autores habían solicitado que el artículo fuera retractado.

La polémica sobre este falso artículo en The Lancet se extendió a un segundo artículo firmado también por Mandeep Mehra, Sapan Desai y otros, publicado en el New England Journal of Medicine el 1 de mayo, "Enfermedades cardiovasculares, farmacoterapia y mortalidad en Covid-19".

En dicho artículo, que no había llamado tanto la atención, quizá porque no implicaba a Trump, utilizaban la misma base de datos falsa para defender el uso de medicamentos inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (ACE) y bloqueadores del receptor de angiotensina (ARBs) que se utilizan para tratar la hipertensión y la diabetes, dos condiciones que constituyen factores de riesgo para el COVID-19 y sobre los que existen dudas de si agravan la enfermedad al inducir la producción del receptor al que se une el virus. Según la base de datos falsa el uso de dichos medicamentos no está asociado a un incremento del riesgo de letalidad. El NEJM emitió su "expresión de preocupación" el 2 de junio y la retracción del artículo el 4 de junio.

El único otro artículo que utilizó la base de datos falsa de Surgisphere, también firmado por Mehra y Desai, fue un artículo depositado a principios de abril en el repositorio SSRN titulado "Utilidad de la Ivermectina en la enfermedad COVID-19". El artículo ha sido retirado, pero su última versión puede encontrarse aquí. Es una locura de artículo donde los datos no coinciden con las figuras y son absolutamente infumables. Carlos Javier Chaccour del Instituto de Salud Global de Barcelona lo destroza absolutamente en su artículo de blog del 29 de mayo: Ivermectina y COVID-19: cómo una base de datos dudosa dio forma a la respuesta de varios países latinoamericanos a la pandemia.

La tragedia es que en base a este artículo en Perú el ministerio de sanidad llegó a recomendar el uso de ivermectina en pacientes, lo que llevó a un mercado negro y a la distribución de formulaciones veterinarias. En Bolivia se distribuyeron 350.000 dosis de invermectina en la ciudad de Trinidad, y en Paraguay las autoridades tuvieron que restringir su venta al dispararse.

5. Surgisphere Corporation

La atención se centró entonces en Surgisphere Corporation, que había suministrado los datos falsos. Una compañía que presume de ser una red de investigación global en tiempo real que realiza análisis de datos de salud basados en la nube utilizando aprendizaje automático e inteligencia artificial.

Pero LinkedIn mostraba que Surgisphere tenía solo 5 empleados, ninguno de los cuales tenía las habilidades necesarias para el tipo de trabajo que supuestamente realizaban, y todos ellos habían sido contratados en febrero de 2020. Si miráis la página de LinkedIn ahora, los empleados lógicamente han desaparecido y solo queda el fundador y CEO de la compañía Sapan Desai. Hasta el 10 de febrero Desai era un médico empleado en el Northwest Community Hospital de la ciudad de Arlington Heights en Illinois, momento en el que dimitió. En la segunda mitad de 2019 se había visto implicado en tres demandas judiciales por mala praxis, según los registros del condado de Hook.

Fig. 2. Todos los empleados de Surgisphere Corporation según LinkedIn antes de que salieran de estampida. Ya solo figura Sapan Desai. Muy tecnológica no parece la compañía.

Desai había creado Surgisphere Corporation en 2008, cuando era médico residente en Carolina del Norte, para vender libros de texto producidos por la compañía a estudiantes de medicina utilizando revisiones falsas en Amazon en las que fingía ser médicos famosos que les daban 5 estrellas. Algunos de esos médicos persuadieron a Amazon de que quitara esas revisiones que ellos no habían escrito.

Entre 2010 y 2013 utilizó Surgisphere Corporation para publicar una revista, el Journal of Surgical Radiology con un índice de impacto modesto.

La compañía no dejó rastro en internet o lo ha borrado hasta 2019 en que aparece con tres subsidiarias: Surgical Outcomes Collaborative, Vascular Outcomes y Quartz Clinical. Esta última compañía lanzó un software de gestión de hospitales en enero de 2019. Aparte del material promocional en su lanzamiento, nada se puede encontrar sobre ese software, ni revisiones, ni comentarios, ni reseñas, ni artículos. No ha producido el más mínimo impacto en el universo de la sanidad estadounidense, lo que sugiere que apenas se ha vendido. Ese software es el que supuestamente utiliza Surgisphere Corporation en las bases de datos utilizadas en los artículos, o al menos eso dice Sapan Desai.

Pero de nuevo los empleados de Quartz Clinical no parecen tener las habilidades necesarias para la gestion de bases de datos superconfidenciales masivas de registros hospitalarios. El vicepresidente de integración y optimización de sistemas es un graduado en derecho, como lo es la consejera legal. La jefa de marketing aparece por duplicado elevando el número de empleados, y la jefa de ventas es una modelo de Las Vegas. En fin, todo el mundo tiene que ganarse la vida y en la base de datos de modelos dice que no se hace fotos desnuda, aunque mucho no deje a la imaginación en su foto más popular. Pero al parecer algo de relación con la medicina sí tiene porque se sacó el certificado de flebotomía, unos estudios de un semestre que permiten trabajar sacando sangre de la vena a la gente, y tiene un certificado de asistente de clínica. The Guardian también informa que una de las editoras científicas de Surgisphere es una escritora de ciencia-ficción, pero no he podido comprobar si es cierto porque no figura su nombre.

Fig. 3. Los empleados de Quartz Clinical, la empresa subsidiaria de Surgisphere Corporation propietaria del software de gestión utilizado supuestamente para generar la base de datos mundial más grande conocida de pacientes. El talento informático parece ausente, aunque hay abundante talento de otro tipo. Fuente: Crunchbase y Model Mayhem.

6. El oprobio de un proceso científico roto

Dejando aparte a los empleados, que no tienen la culpa de nada, la pregunta es cómo un pequeño estafador como Sapan Desai que vende productos defectuosos, desde libros de texto a software de ínfima calidad, a clientes incautos, tras dejar su trabajo de médico en un hospital perseguido por los pleitos por mala praxis, reactiva su mini-compañía de timos, contrata a una serie de gente en distintos lugares de EEUU, se inventa una serie de datos médicos de pacientes de todo el mundo que no resulta nada creíble, convence a varios investigadores médicos de publicar una serie de artículos con resultados alucinantes siempre que no hagan muchas preguntas acerca de los datos, consigue no solo pasar con honores la revisión de dos de las revistas médicas más importantes a pesar de los evidentes fallos del artículo, al que le faltan los más elementales datos éticos del estudio (el artículo del Lancet dice que se "consideró" que no se necesitaba aprobación ética), sino que en ambos casos consigue que los editores encarguen comentarios laudatorios sobre el artículo para destacarlo, consigue que se organice una importante campaña de medios mundial coincidiendo con la publicación del artículo, y consigue que la Organización Mundial de la Salud pare en seco importantes estudios clínicos sobre la eficacia de uno de los fármacos más prometedores para luchar contra una pandemia que está literalmente asolando el mundo.

Esto me lo ponen en una película y yo hubiera dicho que está bien como fantasía pero que resulta poco creíble. Pero es verdad, y esto puede pasar porque el proceso científico esta roto. Hay gente como John Ioannidis que lleva tiempo diciendo que LA CIENCIA DEL SIGLO XXI NO ES FIABLE. Y desgraciadamente tienen razón. El sistema impuesto de publica o perece y la falta absoluta de controles favorecen a los que abusan del sistema. Hay síntomas por todos lados, desde las revistas depredadoras en las que se publica cualquier cosa pagando, a la absoluta irreproducibilidad de buena parte de lo que se publica. En la ciencia del cambio climático la situación es de risa. Está todo basado en modelos de ordenador sin verificar y con el tiempo se demostrará que prácticamente todo era falso. No hay mas que leer las previsiones para 2020 que se hicieron en el 2001: "2020: El Mediterráneo sin playas". Nada menos que 3000 científicos contribuidores al Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático. Por supuesto para cuando se vea que todo era falso ya habrán conseguido su objetivo y les dará igual. Andarán con otra cosa.

Cuando hay suficiente dinero de por medio los científicos y las revistas están en venta. Siempre ha habido que ejercer el escepticismo y la debida comprobación, pero ahora más que nunca no nos podemos creer sin más lo que se publica en las revistas científicas, ni siquiera en las más importantes. Las pruebas de que el sistema está roto están a la vista. Y la OMS va a tener muy difícil recuperar la confianza de buena parte del mundo desarrollado. Yo no he tenido más remedio que dejar de creer que el futuro de la humanidad pasaba por las organizaciones mundiales, por encima de las disputas entre naciones y regiones, de las que fui un firme defensor hace ya mucho. La experiencia me ha mostrado que dichas organizaciones crecen su burocracia sin cesar devorando recursos y sin rendir cuentas a nadie ni tener los controles adecuados, cayendo en manos de los grandes intereses económicos y de las presiones de ciertas naciones. Para ese viaje no nos hacen falta alforjas. Ya tenemos suficiente corrupción en casa. A los organismos supranacionales no hay quien les meta en cintura.

7. Las grandes farmacéuticas enseñan la patita

¿Y qué interés podría tener el pequeño estafador Sapan Desai en embarcarse en semejante aventura, que claramente le viene muy grande? No puede ser por tener un par de artículos. Los investigadores tramposos publican más que los honestos y él tiene bastantes artículos. Los artículos no dan dinero y no ha podido sacarles mucho a los otros autores por el uso de los datos porque firma los artículos y eso en ciencia se considera pago por la aportación. ¿Qué le ha llevado a asumir el riesgo, la certeza en realidad, de ser descubierto ante el fraude masivo de datos en unos resultados de altísimo impacto mundial? Cherchez la femme, dicen los franceses, pero en realidad es el dinero lo que hay que buscar. Alguien ha tenido que untar a base de bien a Desai para que abandone el confort del anonimato en el que operan los pequeños estafadores. Y ese alguien también ha tenido que convencer a los investigadores participantes de que un desconocido con una empresa de chichinabo es el propietario del tesoro de Alí Babá en datos médicos. Y el dinero lo tiene y se lo juega Gilead propietaria de Remdesivir, principal competidor de la HCQ para el tratamiento del COVID-19.

El papel del Dr. Mandeep Mehra, primer firmante de los dos artículos y último firmante del artículo de la invermectina, es sospechoso. Los tres artículos constituyen una sorprendente defensa de los medicamentos de las farmacéuticas y un sorprendente ataque al medicamento genérico. El Dr. Mehra pasó de defender el artículo en The Lancet ante las primeras críticas, firmando la corrección de datos de Australia por la "errónea" inclusión de un hospital asiático, a solicitar a la revista una auditoría de los datos y finalmente la retracción del artículo ante la evidencia de que el pastel había sido descubierto. Pero el Dr. Mehra, que es nada menos que el director médico del Centro de Corazón y Vascular del Brigham and Women's Hospital de la Harvard Medical School en Boston, revela en el artículo que ha cobrado dinero personalmente de Abbott, Medtronic, Janssen, Mesoblast, Portola, Bayer, Baim Institute for Clinical Research, NupulseCV, FineHeart, Leviticus, Roivant, y Triple Gene. Menudo listado de farmacéuticas que le llenan el bolsillo.

No dice nada de Gilead, ¿verdad? Pero el hospital que le emplea en ese importante cargo sí ha apostado fuerte por Remdesivir y Gilead y está llevando a cabo no uno sino dos estudios sobre la eficacia del Remdesivir para tratar el COVID-19. Quizá eso no cuente como conflicto de intereses, pero que alguien que se llena los bolsillos con las farmacéuticas y cuyo hospital trabaja con Gilead para testar el Remdesivir escriba un artículo ciscándose en la hidroxicloroquina es cuando menos sospechoso.

Fig. 4. Página web del Brigham and Women's Hospital de Boston donde se informa de que están realizando dos ensayos clínicos con Remdesivir. Fuente: el propio hospital.

El Instituto Nacional de Salud (NIH) estadounidense ha establecido un panel para determinar las guías de tratamiento del COVID-19 con 32 miembros, de los cuales 9 miembros revelaron que tienen lazos con Gilead, y otros 7 miembros no lo revelaron a pesar de tenerlos. Varios más tienen lazos con Gilead que por su naturaleza no requieren ser revelados. Por ello no resulta sorprendente que el panel recomendara que no se trate a los pacientes con una combinación de HCQ y AZM que ha sido muy utilizada en Italia y España con buenos resultados.

Pero vayamos a David Boulware, primer autor del otro estudio que encontraba que el tratamiento profiláctico con HCQ tras la exposición no prevenía la infección por coronavirus: "A Randomized Trial of Hydroxychloroquine as Postexposure Prophylaxis for Covid-19". Como hemos visto su estudio ha generado importantes dudas bien expuestas por France Soir.

En los impresos de revelación de potenciales conflictos de interés (página 8) del artículo David Boulware informa que ha recibido proyectos de la Alianza de Organizaciones Chinas de Minnesota, la Cámara de Comercio China de Minnesota y la Fundación de la Universidad de Minnesota, así como la donación de la HCQ utilizada por Rising Pharmaceuticals. Curioso tanto patrocinio chino. Hay que decir que el Instituto de Virología de Wuhan junto con la Academia Militar de Ciencias china solicitaron en enero la patente de uso del Remdesivir en China, y probablemente la consigan. En la siguiente casilla (sección 3) David Boulware afirma no tener actividades financieras relevantes durante los 36 meses previos que pudieran constituir un conflicto de interés.

Sin embargo en el 68 meeting de la American Society of Tropical Medicine and Hygiene celebrado en noviembre de 2019, en la declaración de revelación de los oradores figura el primero en la segunda página:
David Boulware, Grant/Research Support, Gilead.

Y también figura un mes antes en la semana de las enfermedades infecciosas IDWeek2019:

Fig. 5. David Boulware ha sido financiado por Gilead Sciences en lo que constituye un claro conflicto de intereses para su estudio de la hidroxicloroquina que es agravado fuertemente por el hecho de no haberlo declarado. Fuente: IDWeek.

Vaya, que sorpresa, ha mentido en la declaración de conflictos de interés de su artículo en el New England Journal of Medicine. Decía no tener otras actividades económicas que supusieran un conflicto de interés en los 36 meses anteriores y tan solo siete meses antes declaraba que Gilead le sufragaba la investigación. Esto es gravísimo, pero seguro que nadie le busca las cosquillas porque la hidroxicloroquina es un medicamento huérfano sin nadie que lo defienda en la batalla del dinero por la cura del COVID-19.

8. Conclusión

No seré yo quien defienda un tratamiento sobre otro, porque no me corresponde. Yo no puedo hablar de la eficacia o los méritos de la HCQ o el Remdesivir, aunque está claro que la mayoría de los médicos opina que la HCQ es mejor que las alternativas y ellos ven como evolucionan los pacientes. Aunque es complicado saber cuanto ayuda un medicamento cuando el 99 % de los infectados se cura aunque no se lo des. Lo que está claro es que los estudios son fácilmente manipulables y lo estamos viendo. La HCQ se les dió en un estudio de un hospital de veteranos a pacientes desahuciados de COVID-19 como tratamiento compasivo, y claro no curó a ninguno. En otro se usan dosis tan altas que se vuelve perjudicial para el paciente. En otro se le exige prevenir la infección después de que haya tenido lugar. Parece que a base de ignorar sus posibles modos de acción y de exigirle que haga cosas que no puede hacer se pretende acabar con el competidor barato a base de darle mala prensa. Por si fuera poco se publican artículos falsos en las mejores revistas a bombo y platillo a los que la OMS responde a la voz de ya. La investigación farmacéutica está absolutamente corrompida por el dinero de las grandes farmacéuticas. Nos aplicarán el tratamiento más caro, tanto si funciona como si no. De eso no tengo duda. Hoy (5 de junio) en el Reino Unido han detenido un estudio sobre la eficacia de la HCQ, parte del programa Recovery de la OMS, unos días después de que se autorizara su continuación. Esto es irregular. Los estudios se detienen cuando hay sospechas fundadas de que perjudican a los participantes, si no se completan. Y la HCQ es un medicamento seguro que ha sido usado durante más de siete décadas. Pero los autores dicen que es porque no ven diferencias significativas en los datos preliminares. ¿Podemos fiarnos? Lo cierto es que no. La ciencia ha dejado de ser fiable. No tengo ganas de investigar a los autores de ese estudio a ver quien les llena los bolsillos. Es demasiado deprimente.

  1. #9
    Erdos
    ¡Buenas! La OMS acaba de anunciar, de nuevo, que detiene los ensayos con hidroxicloroquina. Si alguien sabe donde encontrar los resultados que les han llevado a tomar esa decisión, estaría bien echarles un ojo. Así vemos si han retorcido la verdad.

    Aquí tenéis un enlace con la nota de prensa:
    https://www.20minutos.es/noticia/4295468/0/oms-detiene-definitivamente-ensayos-clinicos-hidroxicloroquina-covid-19/
  2. #7
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     COVID-19: Surgisphere's HCQ Data Under Intense Scrutiny
     https://www.youtube.com/watch?v=ytgN_OO2h8I 

  3. #6
    Elinversorr
    Y ojo que aquí en España hay muchos tratamientos novedosos que en otros países prohíben. Mi madre trabaja en el sector médico y siempre dice que cuando te digan cómo paciente que tienen un nuevo medicamento que funciona muy bien que es novedad etc que siempre digas que no que usen el antiguo. 

    Deseoso estoy de ver quien saca la vacuna para ver su comoortamiento
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  4. #5
    Pedrobermejo
    Excelente artículo, como siempre. Y perfecta demostración empírica de lo que exponías en el de ‘Rendimientos decrecientes [...] en una ciencia menguante’’
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  5. #4
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    La ciencia en general esta paralizada.

    Physics is still in crisis
    https://www.youtube.com/watch?v=oZ7jwevZbb4
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  6. #3
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    Años de usar el medicamento y de pronto es peligroso.
    Lo dice una persona que produce videos para adultos y un escritor de ciencia ficción.
    Ya sé a quien hay que ir a preguntar la próxima vez que salga un medicamento nuevo.
    Estos tiempos han sido de iluminación, porque también descubrimos que quemas restaurantes McDonald's y saquear TV de 45 pulgadas es la fórmula mágica para combatir el racismo.  Los medios de comunicación nos han abierto los ojos.  Con razón el racismo no se acababa antes. (Fin del modo sarcasmo)

    Desde que salió la noticia de la hidroxicloriquina, el S&P500 empezó a recuperarse desde el 23 de marzo. Trump tiene enemigos domésticos y también en potencias rivales. Y como la OMS es un ente servil hacia esas potencias rivales, entonces se oponía al cierra de fronteras de Trump, y ahora quiso sabotear la magia de la hidroxicloriquina de Trump.  Fracasaron.

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  7. #2
    Joseluis M
    Artículo maravillosamente escrito y documentado !!! Aplausos !!!
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  8. #1
    D. Pages
    Escandaloso.
    Ojalá que en España dejásemos de financiar a la OMS y que todos estos timadores terminen en la cárcel.
    Gracias por el artículo, muy bueno, en tu línea habitual.
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