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Entender los riesgos inflacionistas es el primer paso para proteger una cartera de los efectos negativos de la inflación. Sin embargo, también es importante estudiar los efectos de la inflación en cada clase de activo, ya que ningún tipo de inversión ofrece individualmente una solución perfecta para protegerse contra la inflación en todos los entornos. 

El riesgo de inflación se tiene que gestionar en todo el abanico de entornos inflacionistas, y no sólo cuando se produce una crisis de inflación, sino también cuando los precios se mantienen, suben o bajan. Las estrategias de mitigación del riesgo pueden variar dependiendo de varios factores, entre ellos: las expectativas de inflación, el horizonte de inversión, las necesidades del inversor y los costes de una estrategia concreta
 
El nivel y la dirección de la inflación y las condiciones económicas imperantes pueden tener un efecto sustancial en las rentabilidades reales que ofrece un activo. Además, cada clase de activo lleva aparejados unos costes que hay que considerar. Por ejemplo, aunque las materias primas normalmente generan sus rentabilidades más elevadas durante periodos de inflación elevada y al alza, la situación se invierte cuando la inflación es elevada y desciende. La volatilidad de los precios es otro factor que hay que vigilar de cerca si se quieren usar las materias primas para cubrir el riesgo de inflación en horizontes de inversión cortos. 
 
La eficacia de las acciones y los bonos varía dependiendo de factores como el sector que se esté considerando, la naturaleza del negocio, el horizonte de inversión y los mecanismos de los diferentes instrumentos. Por ejemplo, en lo que respecta al último punto, los bonos nominales generalmente se comportan peor durante periodos de inflación alta, pero los indexados a la inflación, especialmente cuando se mantienen hasta el vencimiento, ofrecen una cobertura precisa contra un índice de precios de referencia.
 

Evaluación de las distintas clases de activos 

 

Acciones 

En el contexto de las presiones inflacionistas comentadas antes, las acciones se perfilan como una opción atractiva frente a muchas otras clases de activos, y las acciones respaldadas por activos reales lo son aún más. A diferencia de la mayoría de los bonos, que tienen valores nominales fijos, las acciones pueden cambiar de precio con la inflación y en muchos casos el crecimiento de los dividendos es superior al de la de inflación.
 
Los precios de las acciones han dado muestras de resistencia a las alzas de la inflación cuando ésta es moderada, ya que las empresas pueden repercutir los aumentos de costes sin perjudicar sustancialmente los márgenes de beneficio. En momentos como esos, y especialmente en los últimos cinco años, un aumento de las perspectivas de inflación ha llevado aparejada una tendencia al alza de las valoraciones bursátiles, como se muestra en el gráfico 7. Sin embargo, más allá de un cierto nivel de inflación, las rentabilidades de las acciones se deterioran por las expectativas de que los márgenes y los beneficios se verán perjudicadas por un complejo entorno de tipos de interés y crecimiento. El gráfico 8 muestra cómo las acciones tienden a ver rebajadas sus valoraciones cuando las expectativas de inflación suben mucho más allá del 6%.
 
 
También es importante establecer una distinción entre la inflación prevista e imprevista a la hora de considerar la eficacia de la renta variable como cobertura. Los movimientos amplios o inesperados en la inflación se asocian generalmente con inestabilidad macroeconómica y niveles elevados de la prima de riesgo de las acciones. Estos entornos generalmente son negativos para las rentabilidades bursátiles. 
 
El grado de protección que ofrecen las acciones como clase de activo puede optimizarse centrándose en empresas con características específicas. Las acciones respaldadas por activos físicos en los sectores de materiales, energía, servicios públicos e infraestructuras, cuyo valor evoluciona bien durante periodos de inflación alta, deberían ofrecer más protección. 
 
El poder de fijación de precios es otro atributo atractivo en un contexto de inflación elevada o al alza. Un poder de fijación de precios sostenible es un rasgo que no abunda y generalmente se origina por la comercialización de un producto que o bien es difícil de replicar o bien es una necesidad. Las empresas que pueden mantener sus márgenes y repercutir los incrementos de los costes están bien situadas para generar un crecimiento de los beneficios sólidos y una rentabilidad total que protegerá menor contra la inflación. Constituyen también una buena estrategia para generar elevadas rentabilidades ajustadas al riesgo a lo largo del ciclo económico. En los valores que se ajusten a esta descripción, es necesario verificar de forma continua que todos los elementos que brindan poder de fijación de precios siguen intactos. 
 

Materias primas 

Las materias primas son activos cíclicos por naturaleza. Tienden a comportarse bien cuando el crecimiento mundial está mejorando e impulsando la demanda. Sin embargo, al crecimiento le sigue generalmente la inflación que, una vez pasado un punto, obliga a los bancos centrales a empezar a reducir la oferta monetaria. Estas decisiones de política monetaria suelen desencadenar correcciones en las Bolsas, pero los precios de las materias primas siguen subiendo siempre que el crecimiento siga siendo fuerte, lo que les convierte en una buena cobertura contra la inflación. 
 
Analizando en mayor profundidad los diferentes subsectores, la historia indica que en las últimas fases de un ciclo económico, cuando el crecimiento comienza a decaer pero la inflación sigue siendo alta, los metales preciosos y las materias primas energéticas suelen sobresalir. El gráfico 10 demuestra este hecho y pone de relieve que la evolución de las materias primas industriales ha estado ligada más estrechamente al crecimiento económico que a la inflación. 
 
Desde la perspectiva de la configuración de las carteras, las materias primas ofrecen protección y una excelente diversificación, ya que generalmente presentan correlaciones bajas o negativas con las rentabilidades de las acciones y los bonos en condiciones de mercado normales. Sin embargo, llevan aparejados costes como la exposición a riesgos geopolíticos y de oferta que impulsan la volatilidad de los precios. Las restricciones a la liquidez y la fiscalidad son aspectos que también merecen un análisis cuidadoso en determinados activos y jurisdicciones. 
 

Inmuebles 

La creencia popular afirma que los inmuebles terciarios ofrecen una cobertura eficaz contra la inflación en periodos de fuertes alzas de los precios, ya que los ingresos por alquileres, especialmente en los inmuebles con contratos de arrendamiento a corto plazo, se mueven con la inflación (y a menudo están referenciados a ella). Las rentabilidades totales de los inmuebles no presentan una correlación elevada con la inflación, pero las rentabilidades por rentas han ofrecido una protección sustancial contra la inflación desde la década de 1980. 
 
La revalorización de los inmuebles también puede generar un efecto riqueza positivo y un repunte de la demanda, de ahí que las revalorizaciones a menudo precedan a un periodo de inflación. La evolución a largo plazo de los inmuebles terciarios en la mayoría de los mercados desarrollados está determinada por las rentabilidades que se consiguen con las rentas. Por lo tanto, los inmuebles se comportan bien en periodos de inflación media-baja (es decir, inflaciones inferiores al 6% anual). Prevemos que las rentabilidades por rentas sigan siendo relativamente elevadas a corto plazo (2013-2014), a medida que los inversores vayan mostrando más tolerancia al riesgo y compren activos con rentabilidades a largo plazo superiores a la media. Conviene destacar que debido al alto nivel de apalancamiento del sector inmobiliario los tipos de interés parecen tener un efecto mayor en el comportamiento de los inmuebles que la inflación. 
 

Renta fija 

La inflación es especialmente perniciosa para los bonos nominales, ya que erosiona el valor real de los cupones fijos. Sin embargo, los títulos protegidos contra la inflación pueden funcionar como cobertura frente a esta pérdida de poder adquisitivo en periodos de inflación al alza. Si bien los inversores no pueden comprar inflación como un activo en sí mismo, los bonos indexados a la inflación ofrecen un rendimiento real y compensa a los inversores por la inflación. Los bonos indexados a la inflación pueden ofrecer coberturas precisas, especialmente cuando se mantienen hasta el vencimiento y se referencian a un índice de inflación que represente con exactitud la cesta de precios de bienes y servicios contra los que un inversor quiera protegerse. Las coberturas de inflación que utilizan otras clases de activos dependen de la correlación de las rentabilidades con la inflación en lugar de ofrecer recompensas directas relacionadas con la inflación. 
 
Las rentabilidades de los bonos indexados están determinadas por la similitud de la tasa de equilibrio con las perspectivas de inflación a medio plazo. Los cambios en las expectativas de inflación afectan a las rentabilidades que demanda el mercado a los bonos indexados y, por lo tanto, los precios están determinados por las divergencias en las expectativas de inflación, que pueden desviarse sustancialmente de la inflación efectiva. Por consiguiente, los bonos indexados son más eficaces a la hora de proteger contra la inflación cuando se mantienen hasta el vencimiento. 
 
Los bonos indexados pueden mostrar una volatilidad relativamente alta en los precios a corto plazo, ya que son más sensibles a los cambios en los tipo de interés que sus homólogos nominales; así, el ajuste del cupón y el principal a la inflación para incorporar cambios pequeños en los tipos de interés se traducen en fuertes impactos en los flujos de caja futuros y, por ende, en los precios. La sensibilidad puede medirse por la duración de los tipos de interés; por ejemplo, la duración del mercado de bonos nominales del Tesoro de EE.UU. es de 5,8 años, mientras que el mismo dato para el mercado de bonos estadounidenses indexados (conocidos por las siglas TIPS) es de 8,4 años. Por lo tanto, la duración tiene que evaluarse cuidadosamente a la hora de invertir en bonos indexados a la inflación: si se espera un entorno de tipos de interés al alza, entonces probablemente la estrategia más efectiva sea concentrarse en los títulos con vencimientos más cortos. 
 
Otro factor que determina las valoraciones de los bonos indexados es la prima de riesgo de inflación, que es el precio que los inversores están dispuestos a pagar por una rentabilidad real garantizada. La diferencia de rendimiento entre los bonos nominales y los indexados es proporcional a la inflación prevista y al tamaño de la prima de riesgo de inflación. 
 
Además, las rentabilidades están relacionadas con una multiplicidad de factores diferentes. Por ejemplo, dependen del nivel de los tipos de equilibrio frente a los objetivos de inflación de los bancos centrales. Unos objetivos creíbles pueden reducir la volatilidad de los precios, ya que la tasa de equilibrio está más en consonancia con el objetivo. Las rentabilidades también dependen de la liquidez del mercado. Si bien ésta ha mejorado considerablemente durante los últimos años, los títulos indexados generalmente no son tan líquidos como los nominales. La inflación es un fenómeno de ámbito mundial y la correlación de los datos del IPC en las grandes economías desarrolladas durante los últimos 30 años es extremadamente alta, como se muestra en el gráfico 13. 
 
 
Invertir en bonos indexados a la inflación con una perspectiva mundial ofrece tres ventajas clave
  • El mayor abanico de oportunidades hace más fácil explotar las anomalías y cubrirse ante la inflación utilizando una combinación de los mercados con las valoraciones más atractivas. 
  • Un enfoque mundial también ofrece ventajas de diversificación obvias, ya que generalmente ofrece una correlación negativa con las acciones y una correlación baja con la deuda pública. 
  • Ir más allá del mercado nacional abre las puertas a un mercado más grande y a menudo más líquido. El mercado de bonos indexados a la inflación sigue creciendo, pero algunos mercados concretos plantean todavía problemas de liquidez. 
Aunque los bonos indexados son instrumentos útiles para protegerse ante los movimientos de los índices de inflación, los inversores deben prestar atención a si la cesta subyacente de bienes y servicios del índice refleja sus necesidades de cobertura. Además, los índices no son inmunes a los cambios. 
  1. #1
    luisalfil

    ¿Alguna sugerencia para invertir en bonos indexados a la inflación con una perspectiva mundial?

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