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Cuando hablamos de estos dos hábitos financieros que se manejan en los mercados, la especulación normalmente tiene una mala imagen a comparación de la inversión; y esto es en gran medida por que se asocia con personas que tienen información privilegiada, tienen prácticas poco éticas e interés propios o bien son maniobras ocultas de estos individuos, pero nada más alejado de la realidad, que aunque trabajan ambos sujetos por intereses propios, la especulación ha ayudado a que la economía sea liquida a lo largo del tiempo, ya que gracias a esto los operadores bursátiles del mercado que entran a corto y mediano plazo en este mismo, ofrecen su dinero para haya un avance económico sano y con evolución.

 

Autores como Kostolany afirman que el fundamento del capitalismo es la sociedad anónima en acciones y su motor ha sido la especulación bursátil. Y esta misma ha ayudado a que la industrial ferrocarrilera, tecnológica, e industrial hayan aumentado exponencialmente a lo largo del tiempo, aunque no fue totalmente cosa de la especulación, si ayudó a que evolucionara dicho segmento de mercado en un tiempo menor.

especulación o inversión

 

 

En este segmento reescribiré en palabras del autor Alfonso Álvarez González la diferencia entre especulación e inversión:

  • Un accionista (inversor) es propietario de la empresa, pero la “acción” y la “sociedad” son dos cosas diferentes. De hecho, hay veces que las compañías más fuertes cotizan a débiles niveles y viceversa. Al especulador sólo le preocupa el valor de mercado de una acción, de ahí que el análisis de la empresa, aun siendo en muchos casos un dato muy valioso, pasa a ocupar un segundo plano.

 

  • Un inversionista suele fundar sus esperanzas en el dividendo, pero existen muchos casos de acciones que han mantenido un fuerte dividendo mientras el valor de sus recursos propios se estaba reduciendo y, en otros casos, las acciones han obtenido enormes ganancias de capital y no han tomado la decisión de pagar dividendos. Para un especulador, la ganancia total resulta de tomar el precio de venta, restarle el de compra y sumarle el dividendo, si es que existe. No importa si el beneficio se ha obtenido por un aumento de recursos propios, por el dividendo, o por una combinación de ambas.

 

  • Un inversionista suele insistir en que no existe una pérdida hasta que se vende el título, es decir, basa su confianza en la solidez de la sociedad, que le lleva a concluir que si la acción que compró en su día, cotiza ahora por debajo de aquel valor, volverá a subir. Sin embargo, el hecho es que si deseara vender sus acciones, no habría nadie en el mercado que le pagara lo que él cree que valen. Frente a esto, el especulador entiende que la ganancia o pérdida se determina cada día con base en el precio del cierre.
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