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A menudo nos encontramos con análisis económicos diversos, en donde se coloca cierto “tope” al incremento salarial de los mexicanos. Esto proviene de varias causas, entre las más importantes encontramos que el sector empresarial, sobre todo empresas multinacionales, encuentran a la mano de obra barata-calificada como muy atractiva por disminución de costos dentro de su cadena de valor; otra situación es debido al control de variables macroeconómicas en la nación, en específico la inflación, situación en la que vamos a ahondar a mayor detalle.

 

Como contexto debemos saber que un incremento importante en el nivel de ingresos de la población (en específico salarios mínimos), actuaría como una fuerte presión inflacionaria, debido a que a mayor ingreso de las familias entonces mayor consumo y a mayor consumo, por oferta y demanda, se incrementaría el nivel de precios de los productos desde una perspectiva generalizada. Otro factor importante, como lo mencionamos al inicio, es que un incremento en el nivel de salarios vuelve más costosa la operación de las empresas, debido a que dichos costos y gastos del factor humano disminuyen los márgenes de utilidad de operación y utilidad final, y tienden a encarecer los productos para compensar dicha disminución.

 

La pregunta es, ¿El incremento en salarios gradual en México, de verdad es lo que ha empujado la inflación en los últimos años?. De acuerdo a dicho cuestionamiento analizaremos algunos datos que nos permitan inferir qué tanto peso tiene dicha variable económica.

 

Lo primero que analizaremos, a manera de contexto comparativo es ¿Qué lugar ocupa México en el nivel de salarios en Latinoamérica? (por poner un margen comparativo). De acuerdo a una investigación de la revista Expansión en colaboración con CNN a principios del 2018, se muestra a través de la siguiente gráfica, el deplorable lugar que ocupa el Estado Mexicano en el nivel de salarios mínimos que ofrece a sus habitantes.

 

 

 

De acuerdo a lo anterior se verifica que, a pesar de considerarse de los punteros como país emergente en la región latinoamericana, es de los más bajos de acuerdo a su oferta de compensación.

 

Otro dato de suma importancia es la polarización dispar de ingreso, en donde un porcentaje mínimo de trabajadores obtiene fuertes ingresos económicos y la mayoría de la población se le otorgan solamente hasta dos salarios mínimos (según datos provenientes de El Economista hasta 2016).

 

 

La anterior gráfica nos muestra que el nivel de compensación de más de 5 salarios mínimos va a la baja, mientras que la mínima compensación salarial se encuentra en una pendiente ascendente. Podríamos inferir que no solo es una baja compensación, sino que también va disminuyendo dicha variable referente al cumulo de salarios para las personas. Lo anterior genera un cierto “empuje” hacia los habitantes de incluirse al sector informal debido a precarias retribuciones económicas, como lo muestra la siguiente gráfica también recopilada de la investigación de el periódico El Economista.

 

 

Como podemos observar, la pendiente de ocupación informal es mayor a la pendiente de los habitantes que ingresan al IMSS como trabajadores asalariados.

 

Desafortunadamente gran parte de la población en donde se justifica un empleo remunerado, se trata de personas que se encuentran en el sector informal por falta de oportunidades laborales bien establecidas. La siguiente gráfica describe dicha situación de acuerdo a una muestra de investigación del sector público en el primer trimestre de 2018.

 

 

En la siguiente gráfica, continuando con una pequeña parte de la investigación presentada por la CONASAMI (Comisión Nacional de Salarios Mínimos), se observa un incremento de las compensaciones del porcentaje de la población que se encuentra asegurada por el IMSS (referente a la seguridad social por laborar en el sector privado), en relación con el año 2017. A pesar de dicho incremento relativamente ligero en el último año, la tendencia de remuneración histórica ha venido a la baja como lo podemos apreciar en la imagen.

 

 

La información hasta ahora presentada nos muestra las deficiencias de la compensación económica que se le ofrece a la población en México, sobre todo en el sector privado, una remuneración poco atractiva que, a pesar de que se ha mantenido en un nivel creciente, los incrementos hasta hoy han sido muy poco significativos como lo muestra la siguiente gráfica.

 

Si desmenuzamos la información nos podemos dar cuenta que los salarios, no han sido la máxima en lo que se refiere a presión inflacionaria a pesar de que a la economía mexicana y sus empresas le convendría un incremento en la demanda y el consumo interno.

 

Los siguientes gráficos nos muestran lo que en verdad, dentro del presente análisis, ha encarecido los productos de oferta nacional a lo largo del tiempo, y por consecuente al incremento de la inflación.

 

Las variables a las que se le otorga una ponderación mayor de importancia son: 1) la paridad cambiaria (depreciación del peso mexicano a lo largo del tiempo en relación con el dólar americano) debido a que, al incrementarse el costo de insumos provenientes del extranjero al momento de importar (sobre todo en empresas con necesidad de importación), se encarecen los costos de adquisición dentro de su cadena de valor; y 2) el incremento constante en la gasolina y combustibles, el cual debido a factores logísticos, el sector empresarial depende de equipos de transporte que muevan sus productos a lo largo del territorio nacional de acuerdo a sus objetivos de operación, situación que impacta en el encarecimiento de los productos finales al no poder sacrificar márgenes de ganancia en algunas industrias. Un factor que impacto en este tema en su momento de implementación fue el impuesto IEPS  (Impuesto Especial sobre Producción y Servicios) cuando se determinó agregarse a tan preciado combustible para sanear la recaudación de tributo en las finanzas públicas.

 

 

 

El impacto creciente de estos dos factores demuestra una mayor implicación en comparación con el deficiente incremento en salarios.

 

Las siguientes gráficas nos muestran dos variables de fuerte correlación, que son: la inflación y la tasa de referencia (datos del Banco de México), y cuentan con dicha correlación elevada debido a que a través de las tasas de interés el Banco de México, se apoya para la contención de la inflación por Política Monetaria. A grosso modo, al elevar las tasas de referencia se incentiva la inversión en renta fija (instrumentos como los Cetes), disminuyendo la oferta de dinero en el mercado y por consecuencia la demanda de productos, bajando la inflación y, también, se encarece el costo de los créditos, desincentivando el apalancamiento de las familias hacia el consumo.

 

 

 

Como podemos observar la inflación se ha mantenido a la baja y controlada, situación positiva para el país con un excelente trabajo del Banco de México, pero con la cuestión de ¿Qué tan negativo dentro de esta contención sería el incrementar de una manera significativa el ingreso y la calidad de vida de los habitantes en México?, al final es un supuesto que no se ha llevado de una manera importante a cabo. Sería de gran relevancia un análisis exhaustivo de las finanzas públicas y contexto internacional, al buscar soluciones alternas de contención de: el gasto gubernamental, disminución de fugas monetarias por un alto grado de corrupción, mayor competitividad de la industria nacional, mayor posicionamiento global, entre otros factores de suma relevancia. Lo anterior permitiría un desarrollo económico que se refleje en la calidad de vida de la población mexicana y no solo en el beneficio financiero de un cierto sector.

 

 

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