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Pandemia, Petróleo y Macroeconomía: el caso de México

Impacto del Covid19 en el mercado petrolero

La pandemia del Covid19 ha afectado particularmente al sector petrolero, cuyos precios marcadores muestran enormes caídas acumuladas en lo que va de año (77,7% el WTI y 70% el Brent), pero fundamentalmente concentradas en los meses de marzo y abril. Asimismo, los precios a futuro para los años 2021 y 2022 pasaron de estar en el entorno de los USD/b 60 en enero al entorno de los USD 40/b en marzo. El canal de transmisión más inmediato es a través del efecto de las medidas de contención sobre el sector transporte, sector que consume alrededor del 60% de los derivados del petróleo, ya que se estima que más del 40% de la población mundial está bajo medidas de distanciamiento social relativamente estrictas. Sin embargo, los efectos adversos que la contracción del consumo tiene sobre el resto de los sectores, también está teniendo efectos derivados en la demanda de petróleo.

Pandemia, Petróleo y Macroeconomia: el caso de México

Inicialmente, Rystad Energy, entre otros, había estimado una caída del consumo de 10 Mbd, lo cual debió ser la magnitud que estuvo detrás del acuerdo Opep+ del 9 de abril. Luego del acuerdo, surgieron declaraciones que apuntaban que se esperaba un recorte mayor (alrededor de los 20 Mbd), e incluso la Agencia Internacional de Energía estimó la caída del consumo en 29 Mbd en el mes de abril. Pero la sobreoferta no sólo se reflejó en los precios, sino que también ha implicado (i) un acelerado crecimiento de los inventarios, que originó un evento histórico el 20 de abril: la aparición de un precio negativo para los futuros de WTI; y (ii) un aumento de la volatilidad, implícita en el comportamiento del OVX, que no sólo refleja la propia incertidumbre de la demanda, sino también la menor capacidad de almacenamiento.

En este entorno, los países productores de petróleo experimentan un doble shock, el que involucra directamente el Covid19 y el impacto de menores precios/mayor volatilidad. Por supuesto, para discutir posibles consecuencias de este segundo shock sobre la economía mexicana, resulta útil separar el impacto directo sobre Pemex de los impactos macroeconómicos.

 

Situación de Pemex

La empresa estatal petrolera ha venido lidiando con una serie de dificultades que la hacen vulnerable al shock de demanda en el mercado petrolero. Es de destacar que la propia empresa ha reconocido públicamente algunos de los problemas, y había anunciado una estrategia para corregirlos, pero cuya implementación luce más incierta. Los principales problemas de Pemex son:

a. Tendencia decreciente de la producción de crudo.

Durante los últimos 15 años, la producción de Pemex ha acumulado una reducción de 50%, pasando de 3.4 Mbd (2004) a 1.7 Mbd (2019), el nivel más bajo en 40 años. Si bien el gobierno tiene como meta añadir 1 Mbd de producción para el 2024, mediante una combinación de desarrollo de nuevos cambpos y recuperación secundaria en los campos maduros, esto va a requerir de incrementar el capex, que entre 2014 y 2019 había sufrido una merma del 50%. En su plan para 2020, Pemex se propone a incrementar las inversiones en 22,4%, y en un ejercicio de temeridad no ha anunciado recortes en las mismas a pesar de la situación, cuando la mayoría de las compañías petroleras están ajustando sus niveles de capex a la baja ante la caída de los precios.

b. Carga fiscal y regulatoria.

Si bien es cierto que la tasa impositiva sobre el valor de cada barril producido pasó de 65% a 58% para el ejercicio fiscal de 2020, y que se planea un recorte adicional de 4 pp durante este año, sigue siendo elevada en vista de las necesidades de financiamiento de la estatal petrolera. Por otra parte, a pesar de que México, en declaraciones de su Ministra de Energía, se comprometió con una reducción en el marco del acuerdo Opep+, mucho menor a lo propuesto (100 mbd en lugar de los 400 propuestos por el grupo, y sólo por dos meses), la Comisión Nacional de Hidrocarburos ha comenzado a cuestionar cómo se llevará a cabo este recorte temporal.

c. Problemas financieros.

México es el país que está mejor integrado al sistema financiero global en la región, y Pemex aprovechó el gran aumento de la liquidez mundial posterior a la Gran Crisis Financiera (GFC) para colocar una gran cantidad de emisiones de deuda, cuya suma total asciende a los USD 105 mil millones. Si bien es cierto que se ha implementado una estrategia de mejora del perfil de la deuda, el nivel de la misma genera dudas sobre su sostenibilidad, lo cual se complica con una gestión que en 2019 arrojó pérdidas por USD 18 mil millones y pasivos laborales contingentes que se estiman en USD 77 mil millones. Esta fragilidad financiera, y las expectativas de menores ingresos (la cobertura de riesgo de precios sólo cubre el 20% de las exportaciones), causaron que el 17 de abril, tanto Fitch como Moody’s le bajaron la calificación a la deuda de Pemex, e incluso la segunda le despojó del grado de inversión.

 

Impactos macroeconómicos

Si bien es cierto que México mostró una gran resiliencia luego de recibir el impacto de la GCF en 2009, y había venido experimentando tasas de crecimiento positivas desde 2010, en 2019 se detuvo este proceso de recuperación. El crecimiento promedio del PIB per cápita es de alrededor de 0,6% al año durante los últimos 20 años, lo cual ha lastrado la convergencia a los niveles de los países desarrollados. Aunque la tasa de inversión es relativamente alta dentro de la región, promediando 20% en los últimos 30 años, se queda muy por debajo de otras economías emergentes que convergen significativamente en términos de PIB per cápita. La inversión pública ha retrocedido en años recientes, promediando 4.2% en 2000-2018; y, a pesar de la participación de inversión privada en servicios públicos, hay cuellos de botella a nivel de infraestructuras. Estos factores, junto a la carga de la deuda, la persistente desigualdad y los problemas de seguridad, tendieron a colocar un techo al crecimiento de la actividad privada, y coloca un tope al crecimiento de la tasa de inversión.

De manera que hay que considerar si esta situación de relativa fragilidad estructural y el shock del covid19 se debe agregar el impacto macroeconómico del shock petrolero. Pare ello, lo más natural es considerar el canal de la balanza comercial y el impacto fiscal. Con respecto al primero, aunque México es un importante productor en la región, no es un exportador neto cuando se considera el total de comercio internacional en crudo y productos, y de hecho estas han sido deficitarias entre 2016 y 2019. Con respecto al impacto fiscal, antes de la caída de los precios, el gobierno compró opciones de venta en 50 transacciones para asegurar sus ingresos fiscales, que suponían un precio de 49$ (precio implícito en el presupuesto público). Esta operación que costó alrededor de mil millones de dólares, le reportará USD 6 mil millones de ingresos extras al gobierno y cubre 80% de los ingresos.

Sin embargo, el impacto del Covid19 se espera sea significativo, y tanto el Banco Mundial (-6.0%) como el FMI (-6.6%) esperan una fuerte contracción en 2020. Las medidas para aliviar el impacto en los hogares y Pymes podrían tener un impacto fiscal importante, pero son esenciales para apoyar la recuperación al final de la pandemia, aunque la reducción del déficit en años recientes y la exitosa emisión de deuda en abril colocan al Estado en una buena posición para absorber este impacto. Asimismo, este rebote será condicionado por la recuperación de los Estados Unidos y un comportamiento más favorable de la inversión privada, y también la capacidad de Pemex para sortear las dificultades que le plantea el shock petrolero.

 

Por Julio Pineda

Consultor

 

 

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